DOLOR PERSISTENTE

La sensibilización central (SC) ha sido definida como una «amplificación de la señal neural dentro del sistema nervioso central que desencadena hipersensibilidad al dolor».


Ha sido recientemente reconocida como un importante mecanismo fisiopatológico que engloba a diferentes grupos de poblaciones con dolor crónico o persistente, incluyendo a pacientes con fibromialgia, trastornos de la articulación temporomandibular, dolor lumbar crónico, latigazo cervical, cefaleas, migrañas, síndrome de dolor miofascial...

Uno de cada 6 españoles (17%) sufre dolor crónico o persistente, uno de los síntomas con mayor repercusión negativa en la salud física y emocional de las personas.

Alrededor del 33% de los afectados experimenta problemas familiares o personales a causa del dolor persistente, y el 45% cree que afecta gravemente a su vida social, laboral e incluso a su capacidad de concentración.

Las condiciones para que se desarrolle SC son: la persistencia de dolor durante al menos 3 meses o episodios de dolor en los últimos 6 meses sin causa anatómico-física aparente.

Entendemos el dolor como una experiencia sensorial y emocional desagradable, asociada a una lesión en el tejido presente o potencial.


El dolor surge del cerebro, de la activación conjunta de determinadas áreas cerebrales. El daño en el tejido no es proporcional al nivel de dolor experimentado. Por ello, puedes tener un gran daño en los tejidos y no experimentar dolor, o por el contrario tener los tejidos en perfecto estado según las pruebas de diagnóstico (radiografías, resonancias, ecografías…) y en cambio estar experimentando dolor.


El dolor persistente no tiene que ver tanto con cambios estructurales si no con la sensibilización del sistema nervioso. Suele producirse por los cambios neuroplásticos que se han ido generando en el sistema nervioso central asociados al dolor. Ello depende de las áreas cerebrales del dolor, y como cualquier otra percepción, es un producto complejo en el que influyen factores biológicos, culturales, psicosociales, del entorno, experiencias previas... El cerebro emocional contribuye a la construcción de la percepción del dolor, en lo que se conoce como la neuromatriz, aportando información que hace que esta percepción sea más o menos intensa; el cerebro la puede generar e incluso anular.


Cuando notamos dolor en un momento dado, normalmente responde a que se ha sufrido algún tipo de agresión, por ejemplo un golpe. Los receptores del sistema nervioso de esa región se estimulan con ese impacto, y conducen esa señal por sus vías de transmisión que son, en este caso, las neuronas, hacia estructuras cerebrales, las cuales nos hacen conscientes del dolor que se nos ha provocado.


Esta transmisión es la que ocurre de manera fisiológica cuando sufrimos un daño, y desaparece una vez la agresión ha finalizado. Sin embargo, es posible que como consecuencia de que el sistema se vea estimulado durante mucho tiempo, tanto las vías de transmisión, como las estructuras cerebrales encargadas de registrar ese estímulo, se queden activas de manera permanente, incluso aunque la agresión inicial que hubo en el tejido haya desaparecido.


También existen otro tipo de vías que intervienen en este proceso, las cuales se encargan de inhibir esta sensación dolorosa que se está transmitiendo. Al igual que las vías ascendentes que transportaban esa señal de dolor hacia las corteza cerebral pueden quedarse activas, estas vías descendentes se inactivan perdiendo su capacidad de inhibir el dolor.


De esta forma se produce una amplificación del dolor a nivel central.



La SC requiere un abordaje muy específico para que se pueda resolver. Se necesita reentrenar al cerebro y la modulación de los factores que influyen en el sistema nervioso central. El abordaje del dolor se debe realizar desde un concepto biopsicosocial, entendiendo al dolor de forma multidimensional en el que están implicados procesos cognitivos, conductuales y emocionales.


El dolor crónico o persistente no tiene porqué ser para siempre, tiene solución con el acompañamiento adecuado. El Tratamiento Osteopático en combinación con otras disciplinas sanitarias proporciona un abordaje del dolor efectivo, brindando las herramientas necesarias para la recuperación de la movilidad y de la actividad diaria sin dolor.






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